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Skoda Gran Fondo Trek San Sebastian 2017

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Skoda Gran Fondo Trek San Sebastian, mi última carrera del año, segunda de propina tras “La Perico” después del cumplir con nota en el objetivo de la temporada, la Quebrantahuesos.

Con la prueba guipuzcoana completaba el ciclo de las tres capitales vascas que empecé en Marzo con la Bilbao-Bilbao y continué a finales de mayo con la GF Orbea Vitoria. Tierra donde el ciclismo es religión y cuna de grandes ciclistas, así que ha sido un orgullo poder pedalear por estas tres provincias en 2017.

En la recogida de dorsales pude saludar a unos chicos del Bikes Moncayo que reconocieron mi camiseta voluntario de 7 Muros de Pozalmuro y al día siguiente coincidimos antes de la salida en un bar, donde me invitaron a un café. El próximo no iré a tomarlo a Novallas, su pueblo, vendrán a Pozalmuro y les invitaré yo.

Llegaba a esta prueba con dudas sobre mi rendimiento tras la debacle muscular y mental que supuso para mí la disputa de la XXIV Marcha Cicloturista Internacional Pedro Delgado de Segovia (Castilla y León). Tenía la idea original de ejercer de gregario para “El Canfranero”, un nuevo grupo de “btteros” que está descubriendo el ciclismo con ilusión y no sin esfuerzo. Me recuerdan a cuando empecé yo, así que veía con buenos ojos ayudarles. Pero al hablar en línea de salida con Lucho, su “capitano”, nuestro esprín-calador, me comentó el crono que iban a hacer y se me hizo un mundo dado que la familia me esperaba en meta, le pregunté si me necesitaba y me dijo “TODO CONTROLADO FERNANDO”, así que decidí probar a hacerme mayor con cad pedalada e intenté ir con los más rápidos, a ver hasta donde era capaz de aguantar.

De esta forma y no de otra se dio la salida del medio fondo, rápida como siempre, en la que Roberto enfiló el grupo y comenzamos a pasar ciclistas que trataban de coger su ritmo para toda la mañana, rotondas, badenes, giros y demás obstáculos que fuimos sorteando a gran velocidad y con algo de incertidumbre, no por no saberlo hacer, que sí que lo sabemos hacer, sino porque era terreno desconocido y había que prestar mucha atención a lo que llevábamos entre manos. En esos primeros kilómetros vimos a nuestro compañero Ángel que no nos podía acompañar al estar recuperándose de una lesión que no será capaz de apartarle de nuestro lado en los rutinarios entrenamientos, porque en el grupo de Whatsapp sigue muy presente… Sirvan estas líneas de ánimo para él.

Una vez pasados esos primeros kilómetros, ya en carreteras secundarias Eloy colabora con Rober para marcarnos un ritmo exigente pero cómodo, me estaba encontrando bien, acabábamos de empezar eso sí, pero llevaba un pulso bajo tras una salida frenética. Fueron momentos de risa en los que no éramos capaces de encontrar el sol que nos calentara, ni Peio Ruiz Cabestany “el de verdad”, fue capaz de decirnos claramente donde lo podríamos ver. Fue un buen compañero de grupeta que, junto a Vicente, otro lugareño colaboraron para hacernos pedalear como si lo hiciéramos por la carretera de Valencia. Nos avisaban de la exigencia de los repechos y peligrosidad de los descensos. Sin duda de gran ayuda para los compañeros del AVE que allí pedaleábamos.

Para mí personalmente una de las cosas mejores que tiene el País Vasco es que no hay grandes puertos, todos son de menos de 6 kilómetros, pueden incluso no considerarse como tales, algunos lo hacen, así que los esfuerzos mantenidos no iban a ser muchos. Ello colaboró a que cada vez me encontraba mejor mentalmente tras ver que el primer puerto lo pasé en el grupo, casi sin despeinarme, pero no podía cantar victoria porque acto seguido enlazábamos el segundo puerto, más exigente y en el que me dejé caer unos metros respecto al grupo para subirlo sin los agobios típicos de los que nos rodeaban tratando de ponerse de pie, sentándose, resoplando, etc. Así que puse mi ritmo a 4 metros del grupo y así, con esfuerzo y concentración llegamos al último kilómetro de ascenso. Allí apreté un poco los dientes con la idea de juntarme nuevamente al grupo para afrontar el descenso y cuando le cojo la rueda a Nacho, marcan a la derecha, avituallamiento y descanso… Aprovechamos a rellenar agua (no muy necesaria hasta el momento), comer algún plátano y culminar el momento globero con la foto que nos hicimos con Peio. He aquí la prueba.

¿Estamos todos? Sí, pues hala, para abajo, en línea, a volar, Roberto hace fácil lo difícil y encabeza el grupo de 8 con trazadas perfectas y cómodas para todos a la vez que imprimía una velocidad de vértigo, nunca antes por mi experimentada. No se trababa de la velocidad sino de las carreteras eran estrechas y sinuosas pero con un asfalto perfecto, así que con la concentración necesaria y exprimiendo mi Trek Domane PO Series 6 Blanco Crystal disfruté muchísimo.

Ya llevábamos viendo el sol un rato, después de haber pasado frio las dos primeras horas en los kilómetros iniciales con nieblas y humedades nuestro cuerpo ya estaba caliente y pudo disfrutar de unos paisajes de ensueño, prados verdes, caseríos, vacas y algunas gentes del lugar. Pocas a decir verdad, pese a ser una tierra que siente “PASIÓN POR EL CICLISMO”, slogan de la marcha y presente en el cuello nuestro maillot, en las cunetas no había mucho público animando a los que por allí pasábamos. Quizá porque era la primera edición, o quizá porque la gente se había ido a la playa ya que hizo un fin de semana con temperaturas de escándalo para ser octubre.

Volviendo a la carrera ya solo nos quedaba un puerto, 6 km y se habría acabado mi sufrimiento particular, relativo en esta ocasión, pero al comenzar el puerto le digo a José Ramón que al coronar echara un ojo para vigilarme, por si acaso. Pero no fue necesario ya que no era una subida exigente y la disfruté cómodo a cola de pelotón. De ahí a San Sebastián, a correr nuevamente, descenso y llanos, dos repechos, uno, el último, el de Hospitales nos transportó al Serrablo, al repecho de Cartirana, pero este no nos dirigía a Larrés, ni a Sabiñánigo, no, éste los entraba a San Sebastián, parecía que nunca llegábamos porque cambiamos varias veces de carretera, pero si, desde un alto ya vimos el techo de Anoeta, bajamos, encaramos línea de meta, nos abrimos y habíamos llegado. El crono: 4 horas y 40 minutos, era lo de menos, pero lo habíamos hecho en grupo y yo estaba dentro de él. Lo habíamos hecho disfrutando de una excelente meteorología y haciendo lo que nos gusta hacer, pedalear y reír. Roberto sin palabras, Ester en modo “running”, Eloy inconmensurable, Francisco un señor, Nacho otro señor, pero con ojitos azules, Jose Ramón “mama pato” y Jorcano se había vuelto a poner un dorsal… ¡ENHORABUENA!.

¿El reconocimiento? Aparecer en la única foto del evento en el Diario Vasco.

¿El premio? Fue el día que pasamos, pero la emoción fue al entrar en el mítico Velódromo de Anoeta y dar una vuelta montado en bicicleta antes de comer, ducharnos y emprender viaje de regreso a casa porque esperaba el duelo del hermanamiento del Moncayo, Real Zaragoza – CD Numancia.

Por fin había podido hacer una Gran Fondo, tras 3 intentos de correr su hermana mayor, la Mussara, y llevarme la “modern-retro gorra finisher”. En 2018 espero estar en Reus con mi familia, porque si yo puedo disfrutar de este deporte es porque como ya se sabe, detrás de un ciclista hay una gran mujer.