Gran Fondo Cambrils Park

Gran Fondo Cambrils Park

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Gran Fondo Cambrils Park, primera prueba seria del año y tres objetivos, entrenar la salida en grupo, aguantar con mis compañeros de Zarabici subiendo “Colldejou”, el primer puerto del día, bajar con ellos y apretarme hasta el desvío. A partir de allí, ir lo más rápido posible hasta meta. Ellos iban al recorrido largo, Gran Fondo, y yo hacía 122 kilómetros en el recorrido corto denominado como “Escaladei”.

Estamos a 1 de abril y no estoy para tantos kilómetros a tanta velocidad, así que mi objetivo era más modesto, difícil por el aire que se presentó desde la salida, pero sin duda ambicioso porque exigía rodar a más de 27 kilómetros de velocidad media en un terreno “rompepiernas2 con la imposibilidad de coger un ritmo constante. ¿Por qué esa velocidad? Sencillo: al recoger dorsal debías elegir una velocidad que personalmente calculases y, por supuesto, fueses capaz de llevar. En función a ella te colocaban en tu dorsal un gomet (pegatina utilizada en las aulas de Educación Infantil) que te daría acceso al cajón de salida. Rojo para más de 27 kilómetros por hora, Azul para los que estimaran llevar una velocidad media entre 23 y 27 km/h y Verde para los ciclistas de velocidad inferior a 23 km/h. Sin duda me sorprendió que fuéramos los ciclistas los que decidiéramos nuestro cajón, pero al ser mi primera participación lo valoré positivamente ya que en otras marchas debería haberme colocado al final del pelotón con el riesgo que eso implica con los temidos frenazos.

7:30, hora de reunión con la “grupeta” y al cajón. Allí se observan variedad de ropas entre los ciclistas ya que a pesar del frescor matinal, se preveía aire y 20 grados al mediodía, suelo mojado por la tormenta del día anterior y alguna probabilidad de lluvia para la mañana del sábado 1 de abril de 2017. ¿Qué me pongo? ¿Perneras o tres cuartos? ¿Chaleco, chubasquero o nada?, ¿Tapados de inicio y cargar la ropa en el maillot? Difícil elección. Más de uno seguro que se arrepintió durante la marcha.

Salimos con retraso y tomamos posiciones a la izquierda del pelotón para tratar de coger cabeza de carrera lo más pronto posible, pero con máxima seguridad. En fila de uno, Roberto nos va llevando hasta allí, nos separamos en según qué momentos pero no perdemos la calma, lo sabemos hacer. Algunos no y por eso aceleran y frenan, dan bandazos, se caen y provocan caídas: tres pude ver, oír y contar antes de salir de Cambrils en terreno neutralizado. Una pena, el lunes todos los allí presentes debemos cumplir con el trabajo. Estamos hablando de cicloturismo, nada de competición.

Desde ahí hasta el desvío fui en grupo, cumpliendo con mi objetivo, esforzándome porque en los puertos sufro debido a mi tamaño y peso (192 cm y 92 kilos), ¿En bajada? Volando y recuperando pulsaciones. Lo típico. Llegado el kilómetro 64 es donde se separan los recorridos. Los valientes y fuertes se lanzan a por los 189 km del Gran Fondo y los más modestos o “cortos” nos giramos a la derecha para afrontar la otra mitad de marcha con viento cambiante debido a los giros de la carretera.

En estos kilómetros finales en solitario es cuando respiro (al principio) y me repongo del esfuerzo inicial antes de afrontar la parte final en la que según me habían dicho soplaba aire de culo y de bajada. ¡UNA GOZADA! Pero antes de ello había que seguir pasando “bañericas”, cogiendo grupos y pasando gente con la que había espacios para la conversación. Dos de ellos me acompañaron en varios kilómetros. Uno, casualidades de la vida y el ciclismo, amigo catalán de mi compañero de grupeta José Ramón que me compañó subiendo el “Porrera” y otro con el que intercambiamos un bidón tras haber subido “Teixeta”. Yo colecciono de Equipos Profesionales y él no le tenía demasiado aprecio al suyo de Rabobank, así que para mi alijo que fue.

Muy amables, fuimos intercambiando opiniones sobre las marchas del calendario cicloturista. Centraron nuestra conversación la Polar Gran Fondo La Mussara que no he tenido la suerte de poder hacer todavía y por supuesto de “Su Majestad” la Quebrantahuesos de Sabiñánigo, que este año volverá a ser mi objetivo. Hicimos kilómetros juntos contando aventuritas mientras disfrutábamos de las vistas del recorrido hasta que llegamos al último avituallamiento. Estos, según lo que pude oír, eran surtidos de fruta, frutos secos y mini-sandwiches, aquarius variados y agua. Lo esencial que buscamos en estos puntos estratégicos de las marchas.

Una bajada, la de “Teixeta”, que hay que hacerla con prudencia porque las curvas eran bastante reviradas y no había visión a los coches que venían de frente porque estaba la carretera abierta al tráfico. Al igual que en la Bilbao-Bilbao de hace 15 días se veían muchísimos ciclistas sin dorsal que hacían su entrenamiento de sábado por aquellas carreteras del Priorat, Baix Camp y Montsant.

Uno de estos ciclistas sin dorsal fue con el que hice los últimos kilómetros dándonos relevos hasta meta. Él conocía el terreno y me iba advirtiendo de las zonas de aire que nos daba porque habíamos dejado el abrigo de la sierra y nos acercábamos a la costa. Nuestra suerte fue que andábamos parecidos de fuerzas y físicamente éramos similares, altos y con potencia en las piernas a pesar del castigo al que las habíamos sometido. No había mirado el cuentakilómetros, pero la sensación era de ir rápido, así que me animaba a seguir para adelante con el picor de piernas. El gomet rojo estaba cerca de ser merecido, no solo en mi mente sino demostrado en la carretera.

Y así fue como entré en meta, nos abrazamos con el compañero de fatigas finales, con el chaval que cambié el bidón que llegó tras haber parado en el último avituallamiento y con mi amigo Oscar que llegó justo detrás.

Felicidad, dolor de piernas, solazo, familia que me recibió, ducha, comida y a lamer las heridas con una cerveza y un poco de relax. Entre las gratas sorpresas fue poder saludar a Melcior Mauri, vencedor de la Vuelta España en 1991.

El complejo Cambrils Park nos había brindado un buen fin de semana ciclista con espacio para las familias acompañantes incluso su propia PEQUEMUROS en el que los pequeños pedaleando como sus mayores.

La sorpresa me llegó el lunes cuando me llegaron a través del Facebook dos fotos que había hecho un chico y regalado altruistamente. A partir de ahora somos amigos, el ciclismo nos ha unido. Se llama Jaume y este es su álbum de fotos subiendo “Teixeta”:

¡BUEN BALANCE, REPETIREMOS FIJO!