Crónica de Fernando en la Quebrantahuesos 2017

Crónica de Fernando en la Quebrantahuesos 2017

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7 horas 57 minutos fue el punto de partida, ese fue el crono que marqué con Jose, Emma y Lorena en 2015, mi primera Quebrantahuesos en equipo Tenía claro que estaba en condiciones de bajarlo. Había trabajado para ello, me había cuidado y había entrenado, pero sobretodo, no partía de cero. Era mi tercera temporada pedaleando con el AVE, esta familia de locos por el ciclismo de la que formo parte, y que me ha llevado a conocerme, saber sufrir, vencerme psicológicamente, saber moverme en carrera y ganar un golpe de pedal muy bueno que hace que cuando salimos del gran grupo podamos brillar individualmente. Lo he comprobado en las 4 ciclos que ya había hecho esta temporada, me lo había demostrado a mi y afrontaba la esta XXVII Marcha Cicloturista Quebrantahuesos con mucho nervio, ¿por qué? si hasta la fecha había trabajado mucho y me encontraba en muy buenas condiciones, pues claro, por eso, porque estaba bien.

El viernes subí a Sabiñánigo, La Puerta del Pirineo, di unas vueltas por la feria hablando con el personal de los stands buscando colaboraciones para nuestra 7 Muros de Pozalmuro. Son muchas las marcas y de gran relevancia, entre ellos charlé con la siempre amable Marga de Towcar-Enganches Aragón y con Marcos de la empresa oscense Biofrutal que tienen pintas de convertirse en importantes para la CRONO que estamos preparado para la tarde del SÁBADO 9 de septiembre, “DESAFÍO VALHONDO”. Coincidí sin esperarlo ni buscarlo con Jose Antonio Hermida de quien poco se puede decir, solo admirar su palmarés: Medalla de plata en los JJOO de Atenas 2004, 4 Mundiales y 3 bronces además de 3 medallas de oro en Europeos, dos de plata y dos de bronce. Le persuadí para venir a Pozalmuro, pero… ¡TENÍA BODA!

Allí también saludé a los muchos amigos que voy haciendo a base de kilómetros, comentamos las sensaciones, los objetivos y como íbamos a afrontar el día siguiente, nuestro objetivo, mi objetivo, ¿qué objetivo? disfrutar de un magnífico día de ciclismo, tener la seguridad de poder ir el lunes a trabajar, lo importante realmente y si todo eso se cumple, que así iba a ser, bajar el tiempo. ¿cuánto? la marcha lo diría, mis piernas y cuerpo lo dirían, la compañía del equipo lo diría. Los que andamos en bici sabemos todos los factores que influyen cuando pedaleas, pero si lo haces en grupo tienes apoyo.

Albertico, Jose Ramón, Pepe, Myriam, Samuel, Fran y yo éramos los que saldríamos juntos. Nos citamos a las 6:30 en el Hotel Villa Virginia del Puente Sardas de Sabiñánigo, allí habíamos quedado para dirigirnos a la salida en gran grupo, no teníamos cajón. Una vez allí 45 minutos de espera, ¿Qué es eso después de 6 meses esperando a este día? Un suspiro. Por ello disfrutamos en agradable y animada conversación con nuestro compañero Javier siempre en mente. Javier no estaba con nosotros, tenía que estar, pero no podía ser de la partida porque se cayó el pasado 13 de mayo con fractura de clavícula entre otros huesos. Estábamos en grupo y se hizo ameno y aprovechamos para establecer el orden de salida y tener claro lo que haríamos en caso de pinchazo o que alguno no pudiera seguir el ritmo. Albertico se descolgaría pronto porque su prueba era distinta, no a nuestro ritmo pero mejorando sus anteriores registros. Fran nos ayudó hasta el puente de “notefíes” en Jaca porque su prueba era también distinta, 6:50 fue su crono, ¡IMPRESIONANTE!. Nuestro Jesús, pozalmureño residente en Madrid, también vino de inicio con nosotros hasta Castiello donde paró a saludar a su familia que allí esperaba. ¡Qué importante es el apoyo familiar para nuestro deporte!

Eso era lo establecido y eso era lo que iba a pasar, era lo estipulado, era lo entrenado, era lo que la temporada había deparado, era donde la carretera nos había colocado y era lo que había que demostrar. Si, la Quebrantahuesos es donde todos los globeros nos medimos y la marcha que nos dice cual es nuestro lugar en el pelotón. ¿Iba a ser así? Por supuesto no lo sabíamos todavía porque podían pasar una y mil cosas, en tantos kilómetros y horas pedaleando podía pasar de todo, pero eso no lo controlábamos, no dependía de nosotros, así que solo quedaba hacer lo que sabíamos: PEDALEAR. Una vez sonó el chupinazo tardamos 10 minutos y 2 segundos en pasar el arco y nosotros 5 fuimos a nuestro ritmo, Myriam era la que lo sentía y Pepe lo marcaba y gestionaba con la gran colaboración de José Ramón, esa bestia parda que nos hacía volar en los llanos. Samuel, hombre prudente y serio, allí venía con nosotros, detrás de mí, en silencio, disfrutando, se le notaba cada vez que me giraba a ver si allí seguía. Si, disfrutó como todos nosotros.

La prueba no la voy a descubrir, son XXVII ediciones y el recorrido no varía, la salida es rápida y hay que tomarla con prudencia y cabeza porque es eso, la salida de una Gran Fondo. Nosotros tratamos de coger un grupo que nos llevara rápido, pero no fuera de punto, hasta que enfiláramos el puerto donde cogiéramos nuestro ritmo constante y machacón, el nuestro, el que nuestra escuela de Zarabici nos ha enseñado y es sinónimo de éxito. ¿Qué ritmo es ese? Fácil: constante en la subida sin grandes derroches, para correr hacia abajo y apretar en el llano. Este ritmo es el nuestro, el que nuestro cuerpo había entrenado y para el que estaba preparado. Así es como llegamos a la Estación de esquí de Candanchú donde esa curva a derechas te enfila hacia la multitud que había madrugado mucho para animarnos en ese primer puerto. Me encanta ese ambiente que te empuja a subir la última rampa en volandas. Lo más parecido a ser profesional. Aun se me ponen los pelos de punta. ¡PRECIOSO!

Yo conté con el ánimo particular de mis amigos de Sabiñánigo y el de mi padre. Toda la subida por el valle del Aragón lo tuve en mente, su valle y cada vez que voy por allí me acuerdo de él, más si cabe aquel día. El año pasado no pudimos participar en Quebrantahuesos, ni él como voluntario ni yo pedaleando, nuestras batallas eran distintas, vitales, pero eso era pasado y tenía muchas ganas de dedicarle esta Quebrantahuesos de 2017. No sabía cómo iba a salir, pero esta foto en la salida ya me merecía la pena.

Coronado Somport nos lanzamos para abajo con cuidado porque todavía había muchos ciclistas así que con prudencia pasamos a muchos, entre ellos a Lorena mi compañera de pedaleo de Sabiñánigo con la que he entrenado muchos kilómetros de calidad este año. ¡Parte de esta Quebrantahuesos es tuya Lorena! Vimos alguna caída seria y conseguimos llegar a la carretera que venía del túnel transfronterizo. Yo había trazado más fino y saqué unos metros, pero allí, con seguridad giré cabeza y nos reagrupamos para seguir bajando, esta vez por carretera más ancha y formar el grupo que nos llevaría por los llanos hasta Escot, girar a la derecha y enfilar el segundo puerto del día, el temido Marie Blanque de 4 kilómetros al 11% y aproximación de otros cuatro al 5%. Como dice nuestro BOSS J.M., Marie Blanque es el juez de la Quebrantahuesos y dependiendo de cómo lo afrontes tendrás fuerzas o no para Portalet, el verdugo. Esta es su crónica personal: http://www.zarabici.es/quebrantahuesos-2017-cronica-personal/

Seguimos a lo nuestro, cogimos nuestro ritmo machacón, el que marcaba Myriam y sus 50 kilos. Fuimos pasando kilómetros, despacio, no se podía correr, no debíamos correr ni forzar la maquinaria, pero tampoco caernos al suelo… Faltando kilómetro y medio decido levantar el pie y “dejarme llevar” hasta arriba. No es un puerto para marcar grandes distancias ni sacar tiempo. Confiaba en mi velocidad para el descenso, así que me lo tomé con más tranquilidad y creo que acerté. No se llegaron a ir mis compañeros de viaje más de 40 metros, siempre a la vista, por algo es “un puerto-pared”. Así llegué a la última curva a izquierdas, no se oía al gaitero, ni tampoco habíamos pasado a nuestro amigo de Sangüesa, Abel, el fotógrafo de MB, pero ya habíamos casi coronado así que apliqué molinillo y llegué a su altura para afrontar el descenso todos juntos. El segundo puerto lo habíamos superado, solo nos faltaba saber si lo habíamos hecho bien o mal, pero eso no ocurriría hasta unos kilómetros más adelante.

Descenso vertiginoso, pasamos con absoluta tranquilidad y sin ningún sobresalto el multitudinario avituallamiento de Marie Blanque. No paramos porque ya habíamos cargado agua en el que había en la subida y teníamos suficiente hasta el primero de Portalet. Seguimos bajando hasta Bielle donde Pepe, JR y yo nos relevamos hasta coger a un grupo numeroso que nos hicieron más llevaderos los llanos de Laruns para afrontar el coloso del día, Portalet. 28 kilómetros de subida por delante, algo de aire de culo que sin duda agradeceríamos, pero una larga distancia. Dicen que hay varios puertos en este puerto, distintos pero que todos hacen que lo pases mal o peor hasta llegar a la frontera con España.

Subimos los primeros kilómetros a buen ritmo y recordé perfectamente el punto kilométrico donde me entraron las dudas dos años antes, ¿dónde? en la primera rampa seria, donde el desnivel subió al 7%, pero lo tuve claro, al igual que cuando me guiaban Jose y Emma: No había entrenado tanto ni esforzado para quedarme solo allí, un descendiente de vascos y aragoneses no se rendía allí, así que me sonreí y me concentré en lo que estábamos haciendo.

Llegamos al primer avituallamiento de Portalet, llenamos bidones y seguimos pero algo empezó a no ir fino, algo se estaba torciendo y no podía seguir el ritmo de Myriam, JR y Pepe. Samuel aguanta unos metros más que yo, pero también se suelta. Nos juntamos y le dije, “Sami, el tiempo ya se ha ido, se nos han ido, no les cogeremos, limpiamos cabeza y a seguir” “Llevamos buen ritmo y lo estamos haciendo bien”. Vemos como nuestros compañeros de viaje se alejan. Ese era mi miedo, pero el plan estaba claro, si no podíamos seguirles y nos quedábamos, no nos esperaban, la líder era Myriam y era a la que había que cuidar, así que lo tuvieron claro y siguieron para adelante sin nosotros. Era lo establecido y debía ser así.

Juntos Samuel y yo hacemos los 10 kilómetros que separaban los dos avituallamientos pasando por las curvas de herradura de la presa de Artouste y llegamos al segundo avituallamiento con la sorpresa de volver a ver a nuestros compañeros. Algo había pasado, no debían estar allí, pero allí estaban. Volví a cargar agua y le dije a Pepe que me adelantaba, que me cogerían subiendo, faltaban 12 kilómetros con las temidas viseras y debía tratar de coronar antes de que me cogieran. Si me cogían antes de llegar a frontera quizá me hundiera mentalmente, o quizá no, no se sabía lo que iba a pasar, así que para arriba me fui. Cogí mi ritmo de trabajo para la subida y realmente me salió bien.

Faltando 6 kilómetros estaba Javier con bidones de agua, lo habíamos preparado y me daría un bidón con sales. Las mías de salida ya las había bebido, así que me vendrían bien. Se quedó flipado al verme delante del grupo, yo también lo estaba, me salió la subida de mi vida porque no me cogieron hasta que les esperé al comienzo de la zona de vallas. Ellos no apretaron para cogerme y fue la clave para que pudiera llegar a meta con ellos. Samuel no venía, se había quedado. Una lástima, pero pasado Portalet tenía muy claro que yo en Hoz no me quedaba y menos en el llano, así que mientras iban pasando los kilómetros finales de Portalet, pasaba viseras me lo iba creyendo, el día estaba saliendo y estaba haciendo una buena Quebrantahuesos. Se la iba a poder dedicar a mi padre y me corría la emoción por las venas. ¡CLARO QUE SI!

Poco más que decir, el verdugo Portalet había sido benévolo conmigo. Mis compañeros me ayudaron, sin ellos no lo podría haber hecho, sin el AVE no hubiera llegado a QH tan fino como llegué y sin mi familia no habría podido entrenar lo que entrené. Ellos son los participes de esta Quebrantahuesos, se la debo a ellos.

Volvimos a bajar rápido, ni por asomo los 112 km/h que cogieron nuestros compañero, pero muy rápido también. Nuestras bicis son grandes máquinas y los entrenamientos nos dieron confianza para disfrutar de esa velocidad con seguridad. Giramos hacia el Balneario de Panticosa, cogemos el desvío de El Pueyo de Jaca y a por el último puerto del día, Hoz. Cada vez que lo subo me quedo maravillado con los aéreos que tiene y los fotógrafos de Sportograf lo saben. Este es su trabajo y los modelos que no desmerecen.

Coronamos, gozamos rápido el ambiente del pueblo, nos quedamos sordos con su música, trazamos con cuidado la bajada, curvas reviradas y prudencia hasta que pasamos el embalse de Búbal. Nos incorporamos a la carretera nacional despacito sin apretar porque tiene que llegar JR que se nos había quedado atrás en el avituallamiento. Es un Titán X2 (Cuba y Marruecos son testigos) y enlazaría con nosotros. Antes de llegar a Biescas lo había hecho, así que… Agrupados nos tapamos y con el siempre molesto aire de cara hacia Sabiñánigo y nos vamos rápido hacia meta. El grupo es grande, pero los que va delante no se dan cuenta que llevan 200 tíos detrás, van a tirones, hablando, relajados y esa situación es peligrosa, para ellos y para el resto, así que les digo a JR y Pepe que íbamos para adelante, que no podíamos jugarnos una caída, con todas las incógnitas que conllevan (Roberto, Javier y Raúl ya lo habían experimentado este año). Pepe ya iba justo porque había trabajado todo el día como un jabato, clase tenía de sobra y experiencia de alto nivel. Pepe fue quien abrió la caja de las medallas para España en el Triatlón. http://www.triatlonchannel.com/2011/12/22/que-fue-de-pepe-barbany/ nos pide prudencia y enfilamos el pelotón. Allí coincido con mi jefe de ruta de las salidas por el Pirineo, Sergio “Pardi”, clase a raudales y tiramos hasta el desvío del Museo de Dibujo de Larrés, hacia la última tachuela del día, la de Cartirana. Allí, como siempre, los que van a rueda y suben mejor se adelantan y nosotros, lo de todo el día, a nuestro ritmo manteniendo nuestro golpe de pedal. Trazamos el peligroso descenso hasta la Estación de Ferrocarril de Sabiñánigo, dos kilómetros por el pueblo, dos kilómetros de homenaje, dos kilómetros de aplausos y enhorabuenas, dos kilómetros por las calles de casa adoptiva (uno es de su pueblo hasta que se casa, entonces es del pueblo de la mujer), dos kilómetros en los que le pido a JR que me deje comandar, un caballero todo lo grande que es él. Me dio el gusto y el orgullo de dirigir a mi equipo hasta la meta por la calle que tantas veces paso andando, de paseo, en coche y por supuesto en bici cuando salgo a entrenar.

Oigo el grito de Marta, novia de Diego, ¡VIVA POZALMURO!, giramos en la rotonda, nos abrimos y cruzamos en meta, si ya habíamos entrado.

Lo hicimos relajados porque los tiempos que nos había marcado el Tato de Patricia, JM, nuestro BOSS, nuestro jefe de ruta, el que nos marca el camino, el que nos enseña y pule como diamantes en bruto para mejorar como ciclistas le había dado tiempos de paso por los puntos clave del recorrido. Myriam tenía piernas para 7 horas y 27 minutos, Pepe y JR debían cuidar de ella y yo aguantaría hasta que pudiera, no lo tenía claro, no lo sabía, no me veía, pero… La hice con ella y en ¡7 HORAS, 21 MINUTOS Y 38 SEGUNDOS!, lo conseguí, lo conseguimos, marcamos nuestro mejor crono en QH y lo hicimos juntos, pasó el día volado, y sobre ruedas (nunca mejor dicho). Samuel se quedó en Portalet, pero solo entró 5 minutos detrás de nosotros, así que también lo había conseguido: ¡ORO!

En 2018 teníamos cajón y podríamos ir a la foto de grupo sabiendo que el trabajo de este año nos había elevado al limbo ciclista y teníamos un año entero para disfrutarlo y sacar pecho, lo habíamos conseguido y como personas humanas que somos, al menos yo, lloré porque se la podía dedicar a mi padre.

 

 

 

 

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